Orígenes

Para comenzar, debemos remontarnos al origen de todo, y por lo que todos comenzó, me refiero al misterio principal de nuestra Fe, la muerte y resurrección de cristo, pues es, el elemento donde se produjo esa muerte, una cruz de madera, la protagonista de esta historia. Un protagonismo que le vino dado no por ser un elemento de martirio, sino por todo lo contrario, por convertirse tras la resurrección de cristo, en camino de salvación para el hombre.

Desde que fue encontrada la Cruz por SANTA ELENA en el año 327, la iglesia la convirtió en reliquia de la pasión, rindiéndole cultos en las dos fiestas conocidas como la invención y la exaltación quedando incluidas en la liturgia latina los días 3 de mayo y 14 de septiembre. A partir de la instauración de dichas fiestas, y en especial, la del 3 de mayo, se produjo en todo el mundo cristiano y sobre todos en el latino, un despertar de una devoción a la SANTA CRUZ.

Las reliquias de la Cruz comenzaron a repartirse por toda Europa a partir del siglo VI, apareciendo ya en el año 650 en el leccionario de Silos como fiesta especial el día 3 de mayo con el Dios Crucis. La reliquia más grande y antigua de la SANTA CRUZ que se conserva en España está en el monasterio de Santo Toribio de Liebana.
Durante el siglo XIII la devoción a la SANTA CRUZ se extendería por todas la Geografía Nacional, apareciendo las primeras iglesias consagradas a esta advocación. Existe documentación que prueba, que ya en ese siglo existía un templo en Aguilar, consagrado con el nombre de la SANTA CRUZ.

Como todos conocemos la conquista castellana de POLEY se produjo por pacto en el año 1240 por el rey Fernando III “EL SANTO”. En el año 1257 su Hijo, el Rey Alfonso X “EL SABIO” le concedió en señorío al caballero Portugués Don Gonzalo Yáñez Donival, quien crearía el primer linaje de la casa de Aguilar. Tres años después, en el 1260 se firma el acuerdo entre el obispo de Córdoba, Don Fernando de Mesa y Don Gonzalo Yáñez para la regulación de las Iglesias de Aguilar. Por este acuerdo que se conserva en el archivo del obispado, conoce os que en ese año existían ya en Aguilar dos templos, y que estos se avocaban, uno de Santa Maria y el otro de la Santa Cruz.

En un importante documento como es el testamento de Don Fernán González de Aguilar, fechado en el año 1343, este manifiesta su voluntad de ser enterrado en la Iglesia de la Santa Cruz. Nada conocemos Sobre el lugar que pudo ocupar este Templo, Aunque algunos estudiosos consideran que formó parte de la actual parroquia del Soterraño. Lo que sí parece, es que debió de ser el templo principal de Aguilar, ya que el hecho, de que fuese elegido por el señor de la villa para su enterramiento así nos los sugiere.

Pero no confundamos la advocación de la SANTA CRUZ que se le dio a la primera iglesia de Aguilar tras la conquista Catalana, con la de la VeraCruz, verdadera Cruz, que no aparece documentada en nuestro pueblo hasta varios siglos después, más concretamente en el siglo XVI y en el año 1521 en el que según Franco y Areco ya existía una ermita de esta advocación en el Camino de Montilla y Castro, en la falda del Norte de la Silera Vieja, cercana a la Huerta de la Alcantarilla, próxima a la Cruz de Montilla que se levanta en el cruce del Carrascal.

Ningún dato más se conoce de esta primera ermita de la VeraCruz de Aguilar y solo la hipótesis de que en ella recibiese ya culto el cristo de la Veracruz, ya que esta imagen es mucho más antigua, nos permite relacionarla con la Hermandad Penitencial de la VeraCruz que quizás también podría haberse fundado en esta primera ermita. Aunque existen en España Hermandades de la VeraCruz fechadas con anterioridad al siglo XVI, no corresponden con las hermandades Penitenciales de la VeraCruz, ya que estas no se fundaran antes del año 1536, año en el que el cardenal Quiñones consigue del Papa Pablo III, las famosas indulgencias para la Hermandad de la VeraCruz de Toledo, por cuyos estatutos se fundarían las restantes Hermandades de esta advocación en toda España. Estos estatutos de la Hermandad de Toledo regulaban la estación de penitencia den la noche del Jueves Santo y la celebración de dos fiestas dedicadas a la Cruz en Mayo y Septiembre, y de forma general fueron asumidos por todas las demás Hermandades que se fundaron con esta advocación convirtiéndose en filiales de la Matriz Toledana.

El año de fundación de la Hermandad de Aguilar, es la primera incógnita importante que se nos plantea por resolver, y para la que hasta ahora no tenemos una respuesta concreta. Solo se conocen varios datos que sí nos va a permitir acercarnos bastante a ese año. El dato o noticia más antigua que tenemos por ahora, es la del libro de visitas parroquial del año 1554 donde ya aparece registrada la Hermandad de la VeraCruz, el apunte es bastante escueto, pero nos aporta datos interesantísimos, ya que nos revela que ese año entraron 53 nuevos Hermanos en la cofradía, elevándose el número total de los mismos a 662. No parece arriesgado pensar, que en tan solo un año no pudieran entrar en la cofradía tantos hermanos, por lo que es posible que la Hermandad ya existiese algunos años antes, pero no se le aprobaron sus reglas hasta el año 1553, a partir del cual se le tomaron ya sus cuentas en las visitas pastorales.

Otra incógnita para la que no tenemos respuesta por ahora es el lugar donde se funda la Hermandad, como teoría podemos aceptar por las fechas que hemos manejado, que la Hermandad residiese, aunque por poco tiempo, en la primera ermita de la VeraCruz, que en el año 1521 ya existía en la Silera Vieja. Por razones que nos son también desconocidas, pero que de seguro tuvieron que ver, con la tendencia que se dio en el siglo XVI de ampliación del pueblo hacia el Sur, motivo que se construyese una nueva ermita, la segunda, a las afueras de la Villa, en un paraje cercano al camino de Monturque. En la construcción de esta segunda ermita participaría ya activamente la Hermandad, y a ella se trasladaría seguramente en la segunda mitad del siglo XVI.

En esta segunda ermita vivirá la Hermandad un periodo de tiempo, casi medio siglo, que se puede considerar como etapa de consolidación de las primeras formas de la Semana Santa de Aguilar y asentamiento de los cultos y procesiones de la VeraCruz. Durante este periodo está documentado la celebración de las fiestas de Mayo y Septiembre y la estación de penitencia del Jueves Santo. Estación de penitencia a la que se incorporaría también por estos años la imagen de la Virgen de los Remedios. Un dato del libro de Visitas Parroquial nos pone en la pista sobre el año en que la Virgen pudo ser incorporada a la procesión del Jueves Santo.

El dato dice textualmente: “Descárgensele más tres ducados que pago a Francisco de la Cruz, carpintero, que hizo unas andas para la dicha cofradía”.

El apunte fechado en la década de los años sesenta del siglo XVI nos sugiera el hecho de que dichas andas se realizasen para portar la Virgen, ya que el Cristo se seguía portando a manos de un sacerdote. Con las dos imágenes, el Cristo abriendo la procesión y la Virgen cerrándola se celebraría la estación de penitencia, en la que participaban los hermanos. Bien alumbrando con cera, llamados hermanos de luz o bien disciplinándose, llamados hermanos de azotes, tanto unos como los otros vestían túnica blanca, fueron estos años importantes también en la cuestión económica y que la Hermandad disfrutó de unos importantes ingresos que superaban con creces a los gastos, como ejemplo ponemos los del año:
1554 con 29.657 maravedíes de ingresos y 13.944 de gasto 1575 con 24.909 de ingresos y 18.659 de gastos 577 con 33.277 de ingresos y 17.674 de gastos.

Estos ingresos correspondían a las cuotas de entrada que pagaban los nuevos hermanos que ascendían a un real los varones y dos reales a las mujeres, más la cuota anual que era de medio Real. Otro capítulo importante en los ingresos era las limosnas que se recaudaban por las calles con la bocina, así como la que recogía en las dos fiestas que celebraban y la estación del Jueves Santo.

Los gastos se ocasionaban principalmente por la celebración de las dos fiestas y la estación de penitencia, así como las mismas que se aplicaban cuando moría algún hermano.
La Hermandad la gobernaba una Junta de oficiales al frente de la cual se ponía todos los años el mayordomo con cargo de Hermano Mayor conocemos que en el año 1553 ocupaba ese cargo Luis de Barrionuevo, al que siguieron una larga lista de nombres como Cristóbal García Capote, Diego del Pino, Benito García de la Cabras, o Juan Lucena que ocuparía este cargo varias veces.

A finales de la década de los años ochenta la Hermandad se vería inmersa en un hecho totalmente ajeno a ella pero que llegaría a afectarle de manera que cambiaría sustancialmente su historia. Por esos años la orden de los Carmelitas habían proyectado construir un convento en la comarca, consiguiendo para ello, y como era preceptivo, la autorización del Marqués de Priego y señor de la casa de Aguilar Don Pedro Fernández de Córdoba.
El proyecto original fue construirlo junto a la ermita de Santa Ana de Montilla, pero parecer que se les adelanto la orden de la Clarisas, por lo que optaron por trasladarse a Aguilar, donde tan solo existía el convento de las coronadas.

Llegados a Aguilar, el grupo de frailes se instalaron primeramente en el beaterio de San Antón, trasladándose posteriormente a la ermita de Santa Brígida donde tampoco cuajaría el proyecto. Los frailes habían decidido ya, el lugar que mejores condiciones reunía para la construcción del Convento e Iglesia, así como el Huerto, elemento principalísimo de cualquier convento de la época, era el que ocupaba la ermita de la Vera+Cruz, situada a las afueras de la población y junto a una de las importantes vías de acceso a la Villa, con posibilidad de tener agua abundante procedente de los pozos que abrió el concejo en el camino de la Torre, conocido posteriormente como camino de la minas.

En principio este hecho no debía suponer ninguna singularidad, ya que era normal que los conventos se levantasen junto a ermitas ya existentes con anterioridad, tal es el caso en Aguilar del de las coronadas que se levantó junto a la ermita de esta advocación, o el de las monjas Carmelitas que se levantaría un siglo después junto a la ermita de San Roque que también existía con anterioridad.

En el caso de la ermita de la VeraCruz, debió existir alguna razón que provocó una intensa lucha entre los frailes y la Hermandad, que se negó rotundamente a la construcción del convento junto a su ermita. Esta pugna sería resuelta a la postre a favor de los frailes que consiguieron la pertinente autorización del Marqués de Priego a cambio de que construyesen a la par de su convento una nueva ermita para la Hermandad de la VeraCruz.

Según los datos que se conocen en el año 1590 ya tenían los frailes construido el convento e iglesia, frente a cuya fachada se colocó el crucificado de piedra en recuerdo del lugar que ocupaba la ermita de la VeraCruz, y que hoy conocemos como Cristo de los Faroles.

Según el acuerdo al que habían llegado los frailes con el Marqués, para este año debían de haberle construido a la Hermandad una nueva ermita, que según palma Varo correspondería a la actual Iglesia de la VeraCruz. Pero existen algunas dudas al respecto que creo deben plantearse, las dudas se nos plantean el constatar la existencia en esa época de un Humilladero en el cerro de la Silera Nueva, cerro conocido también como cerro de la Cruz, Humilladero o ermita que en el siglo XVIII s reconstruiría con el nombre de los Desamparados. ¿Pudo este lugar o ermita albergar aunque fuese provisionalmente a la Hermandad de la Vera+Cruz? como hipótesis no podemos ni afirmarlo ni negarlo. Lo que sí podemos corroborar con la documentación es que la ermita de la VeraCruz que ha llegado hasta nuestros días se construyó a principios del siglo XVII y se transformaría sustancialmente durante los siglos XVIII, XIX y XX.

El nuevo sitio que eligieron los hermanos de la VeraCruz para su construcción tenía muchas características comunes al anterior. Estaba situado fuera de la población y cercano a una importante vía de acceso a la misma, existía ya en ese siglo una tendencia a urbanizar partes próximas como lo fueron las actuales calles de Juan de Lorca o la de Mercaderes que en un tiempo también se llamó de la VeraCruz por las cercanías que guardaba con la ermita. El nuevo sitio de la ermita se situó entre dos vías importantes de acceso a la Villa, por un lado EL ALTOZANO del atajo al castillo y por el otro EL ANTIGUO CAMINO DE MALAGA O DE LOS PUERTOS.