Siglos XVII y XVIII

Con la llegada del nuevo siglo y una vez ubicada ya la Hermandad en la que iba a ser su templo definitivo vivirá uno de los periodos más sobresalientes de su historia y que le llevaría a configurarse con todos los elementos típicos de Barroco, muchos de los cuales, sobre todo las imágenes, son las que han llegado hasta nosotros. Entre esas imágenes, la Virgen de los Remedios ya comenzaba en los principios del siglo XVII a sobresalir devocionalmente sobre las demás imágenes de la Hermandad. Un ejemplo de este hecho lo tenemos en las diversas misas que le encomiendan en las mandas testamentarias, misas como las dos que encargo en su testamento Alonso de Varo en el año 1609. Las mandas testamentarías nos aportan también interesantes noticias de la ermita, sobre todo, de las obras que durante varias décadas se fueron realizando en la misa y que de seguro la configurarían en su estructura general tal como la conocemos. Para la realización de estas obras la Hermandad recibió numerosas donaciones entre ellas; por ejemplo, Andrés Delgado dejo en el año 1633, 22 reales, Bartolome Lucena Madrid, Familiar del santo Oficio, dejo en 1634, 220 reales, María de la Cruz en 1638, 44 reales, Lorenzo de Lucena y Juan de Burgos en 1639,20 y 44 reales, respectivamente. Etc…

Uno de los apuntes del año 1640 es muy interesante pues nos revela un dato más sobre la primacía devocional que ya por esos años tenía la Virgen de los Remedios, el apunte dice textualmente. “Ana de Lucena Once Reales para la ermita de los Remedios”. Es este el primer dato o la primera noticia que tenemos, donde se designa a la ermita con el nombre de la virgen y no como VeraCruz. Durante esta primera mitad del siglo XVII fueron Hermanos Mayores de la VeraCruz, Antón López de Padilla en 1614, Cristóbal del Pino en 1619 y 1637, Juan Bautista de Castro en 1619 y 1618, Bartolomé del Pino 1620 y 1621, etc…

Afrontamos aquí una de las incógnitas más importantes que se nos plantean en el siglo XVII y para la que seguimos sin tener respuesta. La pregunta es ¿Cuándo se realizaron y quién es el autor o autores de las imágenes que llegaron a la Hermandad en este siglo? Es difícil poder construir una hipótesis aproximativa con los escasos datos que tenemos sobre el tema, pero si podemos, aunque sea aventurarnos, el resaltar unos hechos que si son constatables y que nos permite acercarnos por lo menos a algunas conjeturas.
El primer hecho que debe resaltarse, es la conservación del primer titular sin ser sustituido por uno de mayor tamaño y realizado con los gustos estéticos del Barroco, tal como ocurrió con las demás imágenes de las cofradías restantes, Jesús Nazareno y Soledad. Dos razones pueden justificar la no sustitución de la imagen del Crucificado, o bien quisieron conservarlo por su valor histórico devocional, o el hecho de acometer la realización de nuevas imágenes como el Cristo de la Columna y el Ecce-Homo fue preferencial la sustitución del primer titular, imagen que sin embargo también sería afectada por la estética Barroca con la incorporación de elementos como el Faldellín de Tela, El Pelo natural, etc…

La que sin duda sí fue sustituida en esta época fue la imagen de la Virgen. Si contemplamos a la actual virgen de los Remedios advertimos claramente en ella, a pesar de las restauraciones que se le han efectuado, que por sus rasgos debió ser realizada en la primera mitad del siglo XVII, periodo donde se alcanzaría la máxima expresión Barroca en la Hermandad, con la implantación del sermón de los Azotes que se pronunciaba en la ermita el Jueves Santo antes de comenzar la estación de penitencia, como ayuda grafía o visual al sermón se realizaron las dos nuevas imágenes de la Hermandad, dos magníficas tallas que por suerte se han conservado hasta nuestros días a pesar de los diversos avatares que han tenido que sufrir. Está claro que me refiero al popularmente conocido como Jesús Preso y al Cristo de la Columna y Azotes, imagen esta última que al igual que el crucificado fueron comunes en las hermandades de la VeraCruz.

Varios especialistas de la imaginería andaluza han atribuido la imagen del Ecce-Homo o Preso de Aguilar a uno de los más grandes escultores de la escuela Granadina del Barroco, concretamente a Alonso de Mena y Escalante. Si contempla os la imagen se advierte rápidamente los rasgos estilísticos de Alonso de Mena, aunque mientras no exista un documento que lo acredite no se puede afirmar rotundamente esta autoría, ya que posiblemente la imagen salió del taller de Mena, pero realizada por alguno de sus discípulos, en el caso del Cristo de la Columna la atribución a Alonso de mena es más arriesgada ya que está imagen no presenta tan claros los rasgos de este escultor lo que ha llevado a algún estudioso a considerarla como una obra salida de un taller Sevillano. Sin aprobar ni negar ninguna de está posibilidades, personalmente creo que está imagen también salió del taller de Mena y seguramente fue encargada a la vez que el ECCE HOMO, este hecho debió de influir para que no se repitiesen exactamente en las dos imágenes los mismos rasgos, pero sin duda, el tratamiento del pelo, las manos o en sudario nos recuerdan claramente al Cristo de la Columna de Priego de Córdoba que si está documentado como obra Alonso de Mena. Aceptando como teoría que las dos imágenes saliesen del taller de Mena o de sus seguidores debemos situar pues su realización entorno a los centrales del siglo ya que Alonso de Mena murió en el año 1646.

Volviendo a la imagen de la Virgen debemos resaltar el hecho de que se trate de una Virgen de Gloría y que además haya protagonizado la devoción de la cofradía de Penitencia más antigua de Aguilar, pero esta singularidad no se ha dado solo en nuestro pueblo, en nuestra propia comarca podemos encontrar hermandades de la VeraCruz con una imagen Mariana de Gloría como cotitular, en el caso de Cabra, además, esa imagen de María se advocará también como nuestra Señora de los Remedios.
En la mitad del siglo o alguna década después podemos fechar la construcción del retablo mayor de la Ermita, la falta de documentación que nos descubra el año y autor de esta obra nos obliga una vez más a intentar formular una hipótesis lo suficientemente fiable como para aceptarlo como aportación para posibles investigaciones posteriores. Había que aclarar que este retablo ha sido muy modificado con el paso de los años, pero aun así podemos deducir de él, solo con contemplarlo, mucha información que vamos a dejar constatada. El primer elemento referencial es la existencia en el mismo de dos escudos heráldicos, el que actualmente se conserva sobre la hornacina de San José, presenta en su mitad derecha siete castillos de oro sobre campo de Gules, y en su mitad izquierda un león rampante de sable sobre campo de oro cruzado por una banda dorada. A través de fotografías de la década de los años cuarenta hemos podido conocer el escudo que se pintó originariamente sobre la hornacina de San Antón, actualmente desaparecido.
Este escudo presentaba en su mitad derecha siete bogas de plata sobre campo de azaur y en su mitad izquierda cinco bandas horizontales de Gules con campo de oro, y todo alrededor del escudo la siguiente leyenda.

A ti que con cinco bogas sustentantes tus banderas”. Según Palma Varo este escudo pertenece a los Fernández de Toro.
Estos escudos van a ser, el hilo conductor que nos lleven hacia más datos o noticias sobre el retablo, ya que estos mismos escudos se vuelven a repetir idénticos en el retablo mayor de la iglesia de las carmelitas, pero no son solo los escudos los que se repiten en la iglesia
de las carmelitas, comparando a los dos retablos descubrimos rápidamente que existe entre los mismo un gran paralelismo que os lleva a pensar que fueron realizados por la misma persona.

Volviendo a las imágenes de la cofradía esta constatado que durante esta época se incorporaron también a la estación de penitencia las imágenes de San Juan y la Magdalena y un elemento procesional y devocional cuya realización incluso se puede considerar anterior, me refiero a la Santa Cruz o Cruz guionada donde se porta para el culto la reliquia del Lignum Crucis. Fueron muy poca y sobre todo muy importantes las Hermandades de la VeraCruz que contaron con el privilegio de tener una reliquia de la Santa Cruz, el hecho de que nuestra hermandad cuente con este privilegio en un signo patente de la importancia que debió tener.
La transformación estética barroca no afectó solamente a las imágenes y elementos procesionales, sino que incidiría también en las formas y cantidad de cultos que la Hermandad dedicaba a sus titulares.

La celebración de estos cultos los podemos conocer a través del libro de obtenciones de la parroquia del soterraño, en el, se apuntó todos los años la celebración de la procesión del jueves santo y las dos fiestas que celebraba la hermandad, la de mayo y la de septiembre. Un análisis de estos apuntes nos descubrirá algunas noticias que son interesantes resaltar. Como ejemplo leemos textualmente el apunte del año:

1636 FIESTA SOLEMNE DE LA SANTA CRUZ EN SU ERMITA – MAYO.
Fiesta solemne y procesión de la Santa VeraCruz – Septiembre con estos textos se apuntó en el libro la celebración de las dos fiestas, como se aprecia rápidamente en el mes de Septiembre se volvía a celebrar otra procesión, mientras que en mayo solo se celebraba la fiesta en la ermita, todo lo contrario de lo que ocurre actualmente. De nuevo surge una pregunta difícil de responder, ¿Cómo era y que imagen o imágenes se procesionaban en Septiembre? Ningún dato documental que conozcamos nos permita encontrar una respuesta clara a esta pregunta y de nuevo es la hipótesis la que nos va a permitir responderla, con todas las reservas.

El hecho de que en el apunte de Septiembre aparezca siempre el nombre de VeraCruz y en el de mayo sea mayoritario el de Santa Cruz nos puede sugerir que en la procesión de Septiembre se procesionase la reliquia de plata que poseía la Hermandad ya que en ella se veneraba el Lignum Crucis, un trozo de la verdadera Cruz que daba nombre a la Hermandad, VeraCruz. Así se estuvieron celebrando estos cultos hasta el año 1645 a partir del cual, se invertirían. Y la procesión pasó a celebrarse ya siempre en mayo y en septiembre solo la fiesta solemne. Las razones de este cambio no las conocemos y también nos plantean nuevos interrogantes.

¿Sería en el año 1645 el primero en que se procesiona la Virgen en el día de la Cruz? ¿Estaría este cambio provocado por que en este año llegase a la Hermandad la nueva imagen de la Virgen? Son nuevas Hipótesis que quedan planteada hasta que futuras investigaciones nos aporten alguna luz sobre el tema.
A pesar de la importancia que la hermandad daba a la celebración de estas dos fiestas, sería, fu y debería seguir siendo la celebración de la estación de penitencia en la noche del jueves santo el principal acto de culto y razón de ser de la Hermandad de la VeraCruz, por ello, en las reglas de la Hermandad ocupaban un lugar especial los capítulos donde se reglamentaba rigurosamente como celebrar esta estación de penitencia. El conocer textualmente alguno de estos capítulos así nos lo corrobora.

“Otrosi, los cofrades de la Sangre han de ir en la procesión desnudos o de la cintura arriba, de tal manera vestida la túnica le queden descubiertas las espaldas donde se han de disciplinar, y estos, y los de la Luz vayan en la dicha procesión sin calzas y sin zapatos”.
“Otrosi ordenamos que estando todos juntos el jueves de la cena, en el lugar y a la hora que por el nuestro prioste le fuera dicho, todos estén con todo silencio parejados para la disciplina hasta que las señas se hagan, las cuales serán que oyendo tocar una campanilla, teniendo cogidas las rosetas en la mano, se den con los cordeles hasta que oigan por segunda vez tocar la campana, y entonces suelten una o dos rosetas, y la tercera vez que se tornaren a tocar las suelten todas o las que cada una quisiere, y se aperciban para salir muy ordenadamente”.

Como podemos comprobar nada se dejaba a la improvisación en este acto de azotarse, acto que dio origen a la fundación de la Hermandad.
Aunque como hemos dicho con anterioridad, el siglo XVII fue sumamente importante en la evolución y desarrollo de la hermandad de la VeraCruz y la Semana Santa de Aguilar, no estuvo por el contrario exento de años de especial dificultad, y sobre todos 1649 y 1650, años en el que se sufrió una de las pestilencias más agudas de la Historia, perdiendo muchos pueblos y ciudades de Andalucía más de la mitad de sus habitantes.

Aguilar sufrió una gran mortandad, que provocó que se tuviesen que abrir carneros improvisados para acoger tantos cadáveres. Así se hizo por ejemplo en la calle San Antón junto a la puesta de esta Ermita. También se hubieron de improvisar diversos hospitales para los contagiados, instalándose el de hombres en el molino de la fuente y en el molino grande el de mujeres.
Ante tan catastrófica situación, el cabildo municipal de regidores solicitó la intervención divina encomendando a San Roque su protección y nombrándolo patrón de Aguilar, junto a esta medida el cabildo ordenó otras, como el cerramiento de la población, para evitar las entradas y salida a la misma sin control de personas o mercancías, así como la suspensión de las fiestas o actos que congregasen a gran número de personas. En esta medida entraba como no, la celebración de la Semana Santa, que quedó prohibida expresamente en el año 1650 con el siguiente acuerdo.

“Por lo cual acordaron que no se hagan las procesiones de esta semana ni otra alguna, y para que esto se ejecuté se notifique a los mayordomos de las cofradías de Jesús nazareno; La Soledad y VeraCruz no saque las insignias de ellas para dichas procesiones ni les permitan sacar ningunos Hermanos que azoten”

 Se pueden constatar que efectivamente no se celebraron las procesiones de Semana Santa de 1650, por el contrario, sí se celebraron numerosas fiestas votivas implorando la intersección de las imágenes de más devoción para que cesase la epidemia. Entre esas imágenes ocupó un especial protagonismo nuestras señora de los Remedios a quién se le dedicó cultos especiales y procesión en el mes de Febrero de 1650. La Hermandad no salió la Semana Santa ni procesionó en el día de la Cruz, sin embargo sí se celebró la fiesta de la exaltación de la Cruz de septiembre, cuyo apunte en el libro de obtenciones nos revela una noticia curiosa como es que dicha fiesta la celebró la hermandad en la ermita de San Roque. Hay una explicación lógica para justificar este hecho, y es que al cerrarse la población por la epidemia, la ermita de la VeraCruz se quedó fuera del cerramiento, obstando la Hermandad por trasladarse a la más cercana dentro del recinto, y esta ermita era la del Señor San Roque, en cuyo plazoleta estaba instalada una de la puestas de acceso a la población. Nuevos cultos votivos y procesión hemos datado en el mes de noviembre, sugiriéndonos la posibilidad de que la procesión votiva de Febrero fuese el traslado de la Hermandad a la ermita de San Roque y esta de Noviembre fuese la vuelta a su ermita. Tuvieron que pasar varios años para que las Hermandades al igual que el resto de la población superasen los estragos producidos por la peste.

Superados, la Hermandad vivió e la segunda mitad del siglo una prolongación del periodo de auge y esplendor que alcanzaría también a toda la primera mitad del siglo XVIII donde ya la Virgen de los Remedios protagonizaban y daba nombre a la Hermandad y a la Ermita. Apuntes como el de 1733; procesión de nuestra señora de los remedios en la tarde del Jueves Santo, o el apunte de 1726; fiesta de nuestra señora de los Remedios en el día tres del mes, apunte este que manifiesta claramente que los cultos de Mayo se dedicaban a la imagen de la Virgen o el apunte de 1735: “Fiesta de la Cruz en su día en la ermita de los Remedios”, nos deja claro que la Virgen era ya el principal elemento referencial de la antigua hermandad de la VeraCruz. Tan fuerte fue el arraigo devocional que tenía la Virgen de los Remedios que ya no solo fue protagonista de toso los cultos de la hermandad de la VeraCruz sino que durante esta primera mitad del siglo XVIII protagonizó otros cultos que le dedicara sus devotos. La Virgen de los Remedios fue protagonista de festividades marianas como la fiesta del patrocinio de María que instituyera el papa Alejandro VII a petición del rey Felipe IV en el año 1655. Esta fiesta se celebraba el segundo domingo de Noviembre y previa a ella se le dedicaba a la virgen un novenario de misas que se apuntaban en el libro con textos como: “Fiesta del patrocinio de nuestra señora de los remedios” o “fiesta del patrocinio de nuestra señora de los remedios en su ermita”.

Estos cultos fueron costeados por un fervoroso devoto de la Virgen como fue Don Rodrigo de Benavides, mayordomo y capellán de la ermita de la VeraCruz durante muchísimos años. Estos cultos desaparecería en el año 1740, fecha que coincide con un apunto del libro bastante clarificador sobre el tema el apunte dice: “Entierro solemne con cofradía de nuestro padres señor San Pedro en el convento de religiosas Carmelitas de Don Rodrigo de Benavides; Clérigo capellán en 17 noviembre de 1740.”
Queda claro que la muerte de Rodrigo de Benavides es la causa de la desaparición de la novena que se le dedicaba a la Virgen de los remedios en el mes de Noviembre.

Durante la primera mitad del siglo XVIII se van a producir también numerosos hechos destacables tanto en el enriquecimiento patrimonial de la ermita como de la cofradía, en este periodo podemos fechar la realización de los dos magníficos retablos de los altares del Cristo de la Columna y el del Ecce Homo, así como el del altar del Cristo de la VeraCruz. Uno de los Hechos más sobresalientes de esta época y que merece un estudio más pormenorizado se produjo en el año de 1732; en este año se fundaría en la ermita de la VeraCruz la cofradía de nuestra señora de la Rosa, cofradía que alcanzaría gran fama y patrimonio durante el siglo XVIII como prueba la construcción de su magnífica capilla y la celebración de una feria en su honor. Nada sabemos si la Hermandad de la VeraCruz tuvo parte en la fundación de esta cofradía, ya que se nos hace difícil creer que eta se instalase en la ermita de la VeraCruz sin más sobre todo cuando al menos en teoría la Ermita pertenecía a la Hermandad.

Durante la primera mitad del siglo XVIII se produciría también una expansión del casco urbano de Aguilar quedando la ermita de la VeraCruz prácticamente dentro del mismo, calles como la Rosa y Anche se construyeron en este periodo, en el caso de la calle Ancha, antiguo camino de los puertos, muchas de sus casas se realizaron en solares sobre terrenos que pertenecían a la Ermita, por esta causa y el de diferenciarla del camino Ancho se le nombró como ancha de la VeraCruz. Con este nombre aparece en las escrituras de venta de Solares que se conserva en la Parroquia del Soterraño. En la Segunda mitad del siglo, el mundo cofrade vivirá uno de sus periodos históricos más difíciles y nefastos, que llevaría a la Hermandad de la VeraCruz a su desaparición durante un largo periodo de tiempo. Desde la década de los años durante arreciarían duramente estos postulados encontramos al Obispo Miguel Vicente Cebrián; Quien en 1743 suprime de las procesiones de Semana Santa las Figuras bíblicas, encapuchados, etc… Esta postura se mantendrá invariable por su seguidores Francisco de Solís, Martín de Bercía y el no menos famoso por su postura anti cofrade Obispo Trevilla.

A los Obispos se uniría en la cruzada anti cofrade el mismísimo Rey Carlos III, quien con la pragmática de 1777 endosaría el golpe definitivo que las haría desaparecer, ya que por esta pragmática se prohibió expresamente que saliesen disciplinantes en las procesiones.
Ante la falta de cofradías, el culto y procesión de las imágenes quedó en responsabilidad de los mayordomos nombrados por la iglesia, quienes además, custodiaban las rentas que se producía con las propiedades de las cofradías. Pero esta última obligación la desempeñarían poco tiempo, ya que las leyes desamortizadores vendrían también a dar un duro revés al debilitado mundo cofrade.